CARTA A UN JOVEN
PROFESOR
Es lamentable porque nos ha llevado a olvidar que, enseñemos
donde enseñemos lo que enseñamos a
partir del momento en que formamos parte del sistema escolar, somos, ante todo,
“profesores de escuela” pues tal como afirmo Jerome Bruner.
El programa de una
escuela no se reduce una disciplina que
enseña la disciplina principal de una escuela desde el punto de vista cultural,
es la escuela en si. Así es como la viven los alumnos, y es lo que determina el
sentido que tiene para ellos.
La escuela instituye
cierto tipo de relación tanto con los conocimientos que enseña como con los
alumnos a los que escolariza que la hace
especial entre los múltiples modos de reagrupamientos ideados por el hombre.
La escuela, es una
institución en la cual las relaciones entre las personas, el conjunto de la
gestión daría y todo el entorno material conspiran, desde el punto de vista
cronológico ,respiran juntos, para instituir una forma particular de actividad
humano basada en valores específicos el reconocimiento de la alternividad, la
exigencia de precisión, de rasgos y de voluntad.
La escuela no es una
institución donde uno se elige y en la que debemos, sin embargo trabajar y
aprender juntos. Una institución, si, no es un simple servicio, llevamos a
nuestros hijos a la guardería en función de unas obligaciones familiares o
profesionales y, aunque existan horarios, podemos ir a recogerlos cuando
queramos, la escuela en cambio impone sus propias reglas
En la escuela es donde descubren donde hay otros niños que
viven de manera distinta, donde aprenden que no todos los padres reaccionan del
mismo modo, donde la gente no cree en los mismos dioses en todas partes.
Donde las
preocupaciones de unos no son las mismas que las de otros, y donde las opciones
de algunos no son el punto de vista de todos.
Podemos tener
paralelamente, amigos, grupos, convicciones, simpatías.
Pero nada nada de
todo esto debe ser un criterio a la hora de constituir una clase.
La enseñanza del derecho no puede por sí sola, resolver los problemas
de la formación para la democracia. La institución escolar en su totalidad debe
hacerse cargo de este problema en cada
curso en cada clase y en cada centro de primaria o de secundaria.
El antropólogo -observador-
experto de todas las formas humanas de reagrupamiento, sin duda, esta en lo
cierto. Pero el educador desconfía de ello: no hay mucha distancia entre la
verticalidad y el dominio, entre la adhesión requerida y la adhesión obligada,
entre la cohesión que brinda la trascendencia y el sometimiento a todas las formas de
clericatura de atrás del altar, siempre ver salir al inquisidor. En el interior
de recinto, encontrareis el icono. Y alrededor del icono, a los guardianes que
persiguen a los infieles, a los que no hablan “como es debido” a los que no
piensan como es debido a los que no visten como es debido.
La materia escolar,
este comportamiento tiene fácil aplicación; nos conformamos con enseñar a la
minoría de alumnos que ya ha experimentado el gusto por el saber, y recluimos a
los demás en centros de actividades extra escolares
Así como os convertiréis al mismo tiempo en
profesionales del aprendizaje y en
militantes políticos-en el sentido mas noble de la palabra-comprometidos, en el
día a día, con la creación de un mundo a la altura del hombre. profesores de
escuela, seres creadores de humanidad.