jueves, 27 de octubre de 2016

CARTA A UN JOVEN PROFESOR

Es lamentable  porque nos ha llevado a olvidar que, enseñemos donde enseñemos lo que enseñamos  a partir del momento en que formamos parte del sistema escolar, somos, ante todo, “profesores de escuela” pues tal como afirmo Jerome Bruner.
El programa de una escuela no se reduce  una disciplina que enseña la disciplina principal de una escuela desde el punto de vista cultural, es la escuela en si. Así es como la viven los alumnos, y es lo que determina el sentido que tiene para ellos.
La escuela instituye cierto tipo de relación tanto con los conocimientos que enseña como con los alumnos a los que escolariza  que la hace especial  entre los múltiples modos  de reagrupamientos ideados por el hombre.
La escuela, es una institución en la cual las relaciones entre las personas, el conjunto de la gestión daría y todo el entorno material conspiran, desde el punto de vista cronológico ,respiran juntos, para instituir una forma particular de actividad humano basada en valores específicos el reconocimiento de la alternividad, la exigencia de precisión, de rasgos y de voluntad.
La escuela no es una institución donde uno se elige y en la que debemos, sin embargo trabajar y aprender juntos. Una institución, si, no es un simple servicio, llevamos a nuestros hijos a la guardería en función de unas obligaciones familiares o profesionales y, aunque existan horarios, podemos ir a recogerlos cuando queramos, la escuela en cambio impone sus propias reglas
En la escuela  es donde descubren donde hay otros niños que viven de manera distinta, donde aprenden que no todos los padres reaccionan del mismo modo, donde la gente no cree en los mismos dioses en todas partes.
Donde las preocupaciones de unos no son las mismas que las de otros, y donde las opciones de algunos no son el punto de vista de todos.
Podemos tener paralelamente, amigos, grupos, convicciones, simpatías.
Pero nada nada de todo esto debe ser un criterio a la hora de constituir una clase.
La enseñanza del derecho  no puede por sí sola, resolver los problemas de la formación para la democracia. La institución escolar en su totalidad debe hacerse cargo de este problema en cada  curso en cada clase y en cada centro de primaria o de secundaria.
El antropólogo -observador- experto de todas las formas humanas de reagrupamiento, sin duda, esta en lo cierto. Pero el educador desconfía de ello: no hay mucha distancia entre la verticalidad y el dominio, entre la adhesión requerida y la adhesión obligada, entre la cohesión que brinda la trascendencia y el  sometimiento a todas las formas de clericatura de atrás del altar, siempre ver salir al inquisidor. En el interior de recinto, encontrareis el icono. Y alrededor del icono, a los guardianes que persiguen a los infieles, a los que no hablan “como es debido” a los que no piensan como es debido a los que no visten como es debido.
La materia escolar, este comportamiento tiene fácil aplicación; nos conformamos con enseñar a la minoría de alumnos que ya ha experimentado el gusto por el saber, y recluimos a los demás en centros de actividades extra escolares

  Así como os convertiréis al mismo tiempo en profesionales del  aprendizaje y en militantes políticos-en el sentido mas noble de la palabra-comprometidos, en el día a día, con la creación de un mundo a la altura del hombre. profesores de escuela, seres creadores de humanidad.